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Mostrando entradas de 2017

Otoño

Grandes moldes reciben metal incandescente  que luego habrá de convertirse en una campana formada de aleaciones del cobre con estaño y un toque de bronce. Todas las campanas son hechas para sonar, para sonar muy fuerte. Para retumbar hasta las montañas pasando por los altos pinos y los tejados alargados. Para hacer cimbrar los cuerpos. Para alertar de las emergencias. Para impedir que todo deje de ser como está. Las campanas están hechas para redoblar sobre los vientos y expulsar sonoros ecos por todos lados. Fuerte. Muy fuerte.
Cuando el incandescente metal terminó de vaciarse sobre el molde, pasó un cuervo mudo muy cerca del taller de campanas de Don Mundano, tan cerca, que se cubrió con el brazo el rostro mientras se agachaba un poco. Sin embargo, no cruackó sobre él, ni lo hizo por el resto del recorrido que lo llevó hasta pararse en el árbol seco que daba escasa, pero valiosa sombra durante ese otoño. Mundano regresó la vista al molde, sólo se había distraído unos segundos, sufici…

No te debía querer, pero te quise

Como todas las tardes después de caminar por Chapultepec, me senté frente a mi piano acompañado de una copa de vino. Sé que puede sonar a estereotipo, pero eso es lo que hago. Arremangarme las mangas de la camisa, prender un cigarro, levantar la carpeta azul que reposa sobre el piano y tomar un poco de aire para concentrarme en ti. No voy a mentir, hay veces que tardo unos minutos mirando sólo tu fotografía, dando largos tragos a mi copa, incluso podrían haber sido horas. También he llegado a cerrar los ojos. Mentiría si digo que no he llorado abrazado de tu recuerdo. Pero llega un momento en que después de tragarme esas lágrimas, deslizo mis largos dedos sobre el piano, y te olvido.
Así es todas las noches. Buscar entre tus recuerdos el recoveco exacto que se convierta en una nota. No dudo que llegue el día en que la canción que que queramos escuchar se reproduzca con sólo mencionarla al aire. Hoy no es así. Hoy evoco tu memoria y le doy vida con las notas del piano. Tardo un poco, pe…

Cruzando el farol

Lo encerraba todo en una masa sin color. Era tan grande como dispersa, una nube inmensa repleta de nada, frente a mi. El único farol de la calle, hacía que el resto del mundo se desvaneciera hasta desaparecerse ahí, en la nada, en el vacío de la oscuridad. Alejarse del farol esa noche sin luna, también significaba escuchar más claras las voces que, parpadeántes, se internaban en el vacío de la nada. Nada que ahora sonaba a voces que no dejaban de reclamar al silencio. 
Así seguí caminando. Perdiéndome en la nada, que lejos de ti, esa noche, significaba todo. Significaba yo. La nada era más, implicaba entender esas voces que con suerte eran mías, implorándome alejarme hacia la seguridad de la noche. Mi noche. Llegué a un lugar en que sólo escuchaba mis propios pasos, y de alguna forma los veía. Entre todos los negros, distinguí uno más oscuro que formaba mi sombra. Ahí me quedé. Seguro. Dueño de las tinieblas. Abrazado por la oscuridad que me llenaba más que tus brazos.  

Para no extinguirse

Busqué en el mueble de los discos algo optimista, pero no me quedó tanta fuerza. Abrí la alacena y busqué algo dulce, pero sólo había sombras, polvo que se levantaba entre el crujir de las puertas, entre los sollozos de las pisadas que esa tarde no podían detenerse, tenían que gritar, tenían que sonar. Como la garganta, como la piel, como la sangre, como el aliento, como todo lo que tiene que sonar cuando tiene que decir algo. Todos esos libros escritos, toda esa música compuesta, todas esas palabras dichas, todo ese vino bebido. Porque había algo que decir, porque si no se hubiera dicho, hubiera explotado. O quizás no hubiera explotado, y eso hubiera sido lo grave, que tenía que explotar. Qué la sangre tenía que salir a presión y untarse sobre la pared. Y la piel tenía que enchinarse, tenía que llamar la otra piel y tenía que hacerse una misma, las piernas frías que tenían que enfriarse junto a las manos regalándole algo de su tibieza. El aliento que tenía que entrar por los pulmones…

La blancura de la noche

A las cuatro de la mañana son pocos los que conducen por la calle, menos los que transitan por el Paseo de la Reforma. Los pocos que caminan por las calles tienen miedo de los coches que rebasan el límite de velocidad, no sabes cuál de ellos se saldrá del camino para arrollarte, o simplemente quien se ocupara de mirarte minuciosamente. 
Yo conducía al centro de los tres carriles, a unos veinte kilómetros por hora. Tan lento como para que todos me rebasaran. Esa madrugada, no pasaba un solo carro. No pasaba más gente. No pasaba nada. Tan despierto como mi insomnio, me sentía con tanta energía como para bajarme y seguir caminando o corriendo o brincando de árbol en árbol. Me mantenía despacio. Repentinamente apareció junto a mi una camioneta, no circulaba más rápido, ni más lento, circulaba a la misma velocidad. Emparejados, empecé a ralentizar hasta quedarme completamente detenido. No miré directamente al otro auto hasta que noté que se había detenido también sobre el carril de mi izqui…

Silencio

Esa noche me despertó el silencio.
Salí a caminar por las calles completamente vacías. Una intermitente línea recta se perdía a lo largo de la calle.  Así, en medio, caminé y caminé. Y silencio. No había nadie. Ni viento, ni nada. Sacudí los pies y no se escuchaba nada.  Azoté mis pies sobre el asfalto, y tampoco. Descubrí que estaba descalzo. Y que mantenía con exactitud un camino recto. Y silencio. El alumbrado público mostraba la línea recta sobre el asfalto. Silencio. Así se escucha cuando te marchas. Así suena cuando te despides sin darte cuenta. No suena. Quisieras gritos, abucheos, alguien que te sugiera regresar. Pero aunque lo haya, no se escucha. Porque todo está en silencio. Los pies ya no duelen, la piel no se enchina, la voz ya no sale. Así se despide uno.

Corrosiva

Acetona que estropea los colores.La gasolina que quitas las manchas.El veneno de derrite las tripas.El calor que derrite la cera.La mentira que fulmina la amistad.El acero que penetra la piel.El gas de aniquila la vida.Coralillo multicolor de veneno letal.Bala expansiva que explota por dentro.Solvente, explosivo, corrosiva.Ella.

Chisguete

...con singular esmero tallaba las vasijas como si quisiera acabárselas, no era solo sacarle brillo, era más bien desgastarlas hasta que desapareciera el más mínimo rastro del último comensal que la utilizó. Fue entonces que llegó Armando, la tomó violentamente del brazo y la puso frente a él. Como siempre, no dijo nada. Solo le miró tan fijo, que le secó el aliento. Así permanecieron unos segundos hasta que Aldonsa cayó desmayada. Como siempre. Eran comunes los desmayos cuando lo miraba a los ojos de maneras repentinas. No estaba preparada para encararlo, mucho menos mientras trataba de borrar las huellas de una mentira. Nunca lograba contestar una frase completa cuando Armando acercaba tanto su rostro, mucho menos cuando ella alcanzaba a oler su olor a vainilla recién cortada. Una vez trató de alejarlo de un empujón, pero no fue más que un moviendo torpe, inútil, fallido. Tropezó y cayó en él. Quedó untada sobre su cuerpo, dócil, débil, entregada. Armando alcanzó a tomarla de los br…

Déjenme presentar: Rastro

No me gustan las películas contemplativas. Me gusta más la acción, pero esta ocasión quise compartir con ustedes lo que yo denomino "Rastros". Un experimento que en lo personal disfruto mucho y que me produce muchas cosas:
Calma Sí, siento la más profunda de las calmas con el sólo mirar cómo es que el mar azota cada una de sus olas. No importa qué haya sobre la arena, el mar se lo lleva. Bordes, basura, animales, huellas, rastros, todo. No importa que haya traído el mar, él mismo se lo lleva.
Rastros Así de complejas son las huellas sobre la arena y así de fácil desaparecen. ¿Cuáles son los rastros que dejaremos cuando nos vayamos? No importa, igual van a desaparecer. Así se complica el sentido de la vida, dejando un espacio abierto a las experiencia y a la inmediatez. 

Sentido
El sentido de la vida tendría que estar en la existencia, en las experiencias creadas a cada minuto. El presente es de lo único que podemos estar seguros. El presente es eso que se escucha cuando la ola gol…

Todas las luchas son por la libertad

De poder salir de casa, de poder acelerar el paso, de poder detenerte, de poder mirar hacia el cielo, de poder disfrutar de la luna, de poder cerrar los ojos y sentir cómo cae esa ligera brisa sobre tu rostro, o de simplemente no hacerlo. Pero el poder elegirlo, el poder hacerlo más lento o más rápido, de eso se trata todo. Del derecho a elegir.
Muchas veces pienso que merezco poder tomar mis propias decisiones. Sin miedo. Sin preocuparme por lo que se dirá, por si es lo correcto o no. Merezco poder equivocarme, tomar el camino más largo o el más sinuoso sin tener que pedir disculpas ni permisos.
El poder pensar en ti y decidir en qué momento pensar en otra cosa. Esa es la libertad más compleja, la de elegir otras personas para estar. La libertad de estar y de ya no estar. La libertad de elegir el momento para dormir y para despertar. Todo se trata de eso. De elegir el camino hacia la tranquilidad. De no sólo suponer, de arrancarse las cadenas que marcan estándares, modos de vida, modos…

It´s all in you head

Cuando no debes pensar en ella. Ese momento en que no debes imaginarte el momento de tomar de su mano y caminar en medio del bosque. Cuando no debes señalarle al árbol atorado en medio de las dos rocas que podría formar la fotografía perfecta. No debes. No está aquí y no estará. Cuando no debes pensar en cosas para hacer juntos y cuando no debes hacer cosas interesantes para compartírselas porque no contestará. No estará. Cuando no debes tomar fotografías pensando en ella, cuando no debes tomar fotografías para que ella las vea. Porque no las ve y no las verá. 
Lo malo de contar historias es olvidarte de que a las personas no les pasan cosas mágicas. No aparece nadie sólo por mirar el atardecer, no brota del mar ninguna sirena por más que inviertas suficientes horas a tus pensamientos para recrear la escena perfecta. No pasará. No en la vida. No es un chick flick.
Cuando no debes salirte del papel, cuando no debes rebasar el mar de tinta que divide las letras de la realidad. Tristemente…